El Derecho Pacificador

Ana Cristina Bracho | Octubre 3, 2019

¿Existe una clara frontera entre el tiempo de paz y el tiempo de guerra? ¿Cómo actúa el Derecho para evitar las guerras? Estas preguntas interesan cada vez más a los juristas, en especial, a aquellos que creemos que le Derecho no sólo debe regular la guerra sino que debe garantizar la paz.

En Venezuela están ocurriendo cosas muy relevantes que se encuentran en esa clara frontera. Por un lado, existe una política sostenida de agresión contra el país que busca aislarlo comercialmente, satanizarlo políticamente y probar formas nuevas para extraer recursos a menor costo. Esa es la operación Guaidó, una pantalla que destruye los conceptos básicos de soberanía y permite, por ejemplo, ejecutar un arbitraje que la República no reconoce para cobrárselo a PDVSA, o, llamar Presidente a quien obedezca los designios de Washington aunque no se haya presentado como candidato a elecciones presidenciales y por ende, no tenga ni un solo voto que le legitime tal carácter.

Decíamos entonces que el Derecho no debe agotarse a regular la guerra sino que debe procurar la paz y eso pasa por entender que hay veces que los países se encuentran en una situación de “ni guerra ni paz” que tiene unos conflictos que deben abordarse para evitar desenlaces violentos.

¿Cómo terminan los conflictos? En la opinión del mexicano Narváez hay que tomar en cuenta que “acuerdos pacíficos se dan en mayor número que los conflictos, sólo que es más difícil saber su número y modus operandi.” Es decir, que nos muestran más la violencia que los casos en los que las personas, han preferido la calma, la tolerancia y el interés común logrando reconstruir la convivencia.

¿Cómo se hacen los acuerdos? En un acuerdo todas  las partes ceden algo y cada quien lo hace con el convencimiento de que así se potenciará un resultado, proyecto que sólo es posible en comunión. Como un país, por ejemplo. En ese proceso de ceder, muchas veces las partes actúan sabiendo que ese paso atrás que están dando es la única manera de seguir avanzando.


Ese acuerdo, entonces, tiene una relevancia jurídica fundamental y hoy, todos los analistas señalan que esta es la forma de preservar el derecho a la paz que es un requisito para ejercer todos los demás derechos, incluso, los electorales porque votar en guerra o bajo coacción no es un ejercicio libre.

Dicho eso la historia está llena de ejemplos de cómo los distintos actores sociales y políticos se imponen sobre los designios de la guerra, procurando dialogar en sus propios espacios, en sus propios foros profesionales. Adoptando así un rechazo universal, una clausula ciudadana según la cual nadie hará la guerra.

En el empeño por la paz hay que pensar a quién conviene la guerra. Lo que nos lleva a evaluar quién afirma liderazgo o recupera mercado pero también a mirar el resto del Continente que intenta levantarse frente a medidas claramente coloniales, que reafirman el odio entre latinoamericanos o que buscan la entrega de la débil soberanía que tienen. Eso es lo que enfrentamos.

@anicrisbracho