Guante de Seda

Ana Cristina Bracho | Octubre 21, 2019

¿Son los derechos humanos las cláusulas universales que garantizan que todos somos iguales en dignidad y derechos? Quisiéramos pero una mirada al mapa y sus noticias nos bastan para descartarlo.  Por eso, para algunos analistas críticos los derechos humanos son el paradigma retórico del imperialismo. Un instrumento tan sutil que como un guante de seda permite dominar países y que estos terminen agradecidos por las agresiones que sufren.

Hoy, América Latina pare una nueva era  y se enfrenta a quienes juraron que se había vuelto a dormir y ruge, con su voz de pueblo libre, en las distintas capitales.  Estamos viendo a Chile, el país reputado por ser aquél que superó la dictadura, aquél donde el neoliberalismo es una fórmula mágica de prosperidad, levantarse.

Cuando lo hace es brutalmente recibido por el orden impuesto. Le espera, con el ejército en la calle, con disparos a mansalva y un Presidente rodeado de militares dándole vuelta al reloj para ampliar un toque de queda y advertir que está “en guerra contra un enemigo poderoso”.

Ciertamente, un pueblo digno y libre es un enemigo poderoso para quienes se han jactado de tomar la estrella de la bandera de Chile y anexarla con orgullo a la bandera de Estados Unidos, para quienes durante mucho tiempo ha saqueado de forma campante los recursos naturales de nuestro territorio y desmantelado el Estado para su máximo beneficio personal, no paran de crecer y acumular capital. Ganancias que, por cierto, son tan escandalosas como los paupérrimos y vergonzosos índices de distribución de la riqueza, que hacen de Chile uno de los países más desiguales del mundo como lo explicaba en Julio Tapia Ampuero dejándonos entender que lo que hoy ocurre no se limita a saltarse un torniquete porque aumentó un servicio de transporte.

Desde el pasado 6 de octubre, una ola de protestas ha sacudido Chile.

Hace muy poco lo veíamos en Ecuador donde un paquetazo hizo calentar las calles donde hacía pocas horas se hablaba de la salida del país de la OPEP y donde hoy continua la persecución de todos aquellos que se relacionaron con la Revolución Ciudadana, así como se evidencia que la ONU apareció al rescate de Moreno para enfriar una escena que parecía avecinar que veríamos otra huida presidencial.

La apuesta del orden hegemónico en América Latina pasaba por estos personajes e incluso los erigió como algunos de los más presentables frente a un Bolsonaro paleolítico  y un Macri que veranea. Por eso, el relato de la buena y próspera América Latina parece entrar en conflicto cuando hace apenas unos meses estos Presidentes dedicaron toda su energía en desaparecer al chavismo y ante la conciencia de sus pueblos se inventan un mito donde el “debilitado gobierno de Caracas” ahora se mueve por todo el Continente.

Desde el punto de vista de los Derechos, el asunto es igualmente complejo. Revelador. El discurso de los derechos humanos se presenta con sus relativizaciones: los principios de manejo de manifestaciones no parecen ser los mismos en todos los países. Así mientras que cualquier desmán era ayer una exigencia legítima en Caracas y cualquier acción de orden público, era tildada de ser una brutal represión compatible con un crimen de lesa humanidad, es distinto en Ecuador o en Chile, donde el discurso justifica que las garantías se hayan suspendido y que sean cuerpos dotados de armamento letal los que efectúen las operaciones.

¿Qué haremos nosotros, los pueblos, con esto? Parece que es tiempo de buscar también un lenguaje de garantía de derechos que nazca de nuestros propios pueblos, donde no tan sólo nos inspiran las preocupaciones del liberalismo sino de lo social, donde los pueblos se niegan a que se les arrastre a la eterna noche de ser obreros extractores de materias primas.

Un momento que debe empezar a tejer una manera de entender cuáles son las garantías de los ciudadanos en todos los contextos, hasta en las protestas, frente a la policía y los Ejércitos. Una que vuelva a acordarse de que hace muchos años supimos que no teníamos nada que esperar del sistema interamericano ni del onusino y que ahora nos recuerda, cuan urgente es pensarnos un derecho nuestroamericano de los derechos humanos que no puede volver a fijarse como nuestra última y menos importante de las tareas.

@anacrisbracho