Femicidios: ocho mujeres más que en 2016 ¿quiénes son las víctimas?

Ana Cristina Bracho | Noviembre 24, 2019

Según la información publicada por la CEPAL, en 2016, 122 mujeres fueron víctimas de femicidio en Venezuela.

Desde hace veinte años, el 25 de noviembre es el día mundial para realizar actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las mujeres. En esta fecha, desde París hasta Nueva York, pasando por varias ciudades en África y casi todas las capitales latinoamericanas se convocan actividades para hablar de femicidios, violaciones, trata, maltrato, acoso y tantas otras formas de violencia que sufren, según la ONU, una de cada tres mujeres en el mundo.

En Caracas, la convocatoria ya fue planteada y habrá diversas actividades en simultáneo desde el podio del Tribunal Supremo de Justicia hasta varias universidades, lo que seguramente será acompañado por la programación de los medios de comunicación y varias actividades especiales en otros foros públicos.

Ahora, esta ocasión tiene el riesgo de banalizarse y cumplirse como se hacen los ritos del día de la madre. Por ello, es importante que nosotros nos detengamos a mirar el escenario. En el país estamos en el marco de una anunciada reforma de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia que promete dar una respuesta más severa a los femicidios; ante la reciente creación de una unidad especializada en trata de mujeres en el Ministerio Público y sin muchas otras novedades.

La violencia de género sigue sin medirse correctamente y es necesario hacer algunas prácticas de arqueología para determinar cuál es su dimensión actual. Al respecto, rescatamos el informe actualizado presentado por Aimée Zambrano que contabiliza que en lo que va de 2019 se han cometido 130 hechos compatibles con femicidios en los medios de comunicación venezolanos. Una simple lista que tiene el mérito de dar una dimensión del problema ante la ausencia de indicadores oficiales que deberían publicar las instituciones especializadas como el Observatorio de Violencia de Género, la Defensoría Nacional de los Derechos de Mujer o cualquiera de las otras adscritas al Estado venezolano.

Estos datos nos permiten observar algunas características del fenómeno:

Al respecto, es importante tomar en cuenta que esta enumeración no se corresponde a la totalidad de los casos en los que existen mujeres que han perdido, a manos de terceros y en un contexto de violencia, la vida sino aquellos que se encuentran, en su descripción mediática como posiblemente compatibles con casos de femicidios. Es decir que son asesinatos cometidos como actos de extrema de la violencia contra la mujer que representan el acto final de un continuo de violencia, prolongado e ignorado. Por lo que deben ser abordados con una perspectiva de género centrada en la prevención, en mejorar la capacidad del Estado de atajar la situación antes de que llegue a estos extremos.

Es un hecho conocido que uno de los factores determinantes para una alta tasa de femicidios es la tolerancia general de la sociedad hacia la violencia contra la mujer y que este es uno de los frentes a intervenir. Por ejemplo, el lenguaje mediático sobre el fenómeno y la resistencia de la institucionalidad a adoptar una postura sensible y diligente ante casos de los otros delitos de violencia que no son otra cosa que actos previos –a veces hasta preparatorios- del femicidio.

Por ello, se evita con mayor eficiencia un femicidio con una correcta y oportuna penalización de la violencia física y psicológica, que con una sanción ejemplarizante de un femicida y se debe reforzar el trabajo por una cultura de la no violencia así como en la edificación y mantenimiento de casas de abrigo y sistemas de apoyo de las mujeres en situaciones compatibles con violencia.

Estas consideraciones no pueden tampoco hacerse en abstracto sino en la perspectiva más concreta, teniendo en cuenta la crisis económica, el discurso político violento, las posibilidades e influencias de la comunicación a través de redes sociales y los atractivos de la emigración. Todos estos fenómenos sirven para aumentar la vulnerabilidad de las mujeres, en especial de las más jóvenes a contexto de riesgo y de dependencia.  

Así, son los rostros e historias de Jessica que fue asesinada a los 14 años y quería ser maestra; de la abuela Carmen asesinada por su nieto, de Daiglys, de Orlene, de María Elizabeth, de Marlene, de Darianna, todas asesinadas por sus parejas, las que hoy debemos tomar en cuenta, porque todas eran, mujeres normales, inteligentes e independientes, madres e hijas, con buenos y malos días y es a ellas a quiénes el sistema de prevención de la violencia de género, las campañas de sensibilización, el nuevo sistema de justicia, les falló. A ellas que son tan sólo algunas de las 128 de la lista que hoy hemos leído juntos.