En el nombre de Newton

Ana Cristina Bracho | Diciembre 8, 2019

Se cree que el comportamiento de Newton se clasificaba dentro del espectro autista.

Isaac Newton, el genio que al ver una manzana parió la física, tuvo una personalidad ensimismada y obsesiva que, hoy muchos consideran que se encontraba dentro del espectro autista. Dicen que murió virgen, que no se le conocieron novias ni amigos. Se encerraba a trabajar y no paraba. Dicen que no dormía. No trabajaba para ganar fama, guardaba sus descubrimientos. Trabajaba porque quería encontrar la respuesta. Quería saber qué era el mundo y él lo veía de una manera distinta.

¿Cómo sería su infancia? ¿Cuál idea se le metería en la cabeza? ¿Qué ruido le molestaría? ¿Qué le perturbaría? Se sabe que fue prematuro, violento y que se llevaba mal con su padrastro. De modo que actuaba como suelen hacerlo los niños autistas.

Pero Newton fue Newton. ¿Quién además de él pudo marcar la ciencia de un modo tan contundente? Se dice que sólo antes lo hizo Copérnico y Galilei, que luego sólo Albert Einstein. Por ello, es una de las biografías y de las mentes que se han recordado desde hace siglos. Jugando con estas ideas, en Newton se prueba que las personas fuera de los convencionalismos son a veces las que más aportan y en su biografía se reivindica la necesidad de incluir a muchos que, por compartir sus características, suelen ser apartados del sistema escolar o son maltratados en él.

Es curioso como en las escuelas no nos dicen quiénes fueron los hombres y las mujeres detrás de las teorías que nos hacen memorizar. No le dicen a un niño ensimismado, que se parecía a este gran genio porque él también era una persona tímida. Por no hacerlo, se pierde la oportunidad de que los niños y las niñas, sientan que tienen delante de ellos el universo entero, todos los caminos que quieran andar y que pueden llegar muy lejos.

Además de lo pedagógico, estas consideraciones abren la puerta para pensar un tema jurídico apremiante, ¿qué hacen en el presente los Estados para convertir el Derecho en las muletas que requieren los niños y las niñas con diversidad funcional o discapacidades, en ciudadanos plenos y ver en ellos, su genialidad, su ternura, sus ganas?

Todas las personas tienen derecho a un desarrollo óptimo, a un proyecto de vida, a aportar a su familia y a su comunidad pero parece que no solemos pensar en ello. Se lo dejamos a los entornos más cercanos a las personas que tienen estas condiciones. Es decir, el Estado deja de mirar la sobrecarga que significa para cada padre, para cada madre, enfrentarse a un Goliat insensible y a directivos escolares que buscan la manera de no asumir un alumno o a una alumna que entienden como un problema adicional.

¿Cuántas políticas públicas toman en cuenta la diversidad? ¿Cómo evoluciona la educación para incluir armónicamente? ¿Cuál vocería y cuál apoyo tienen las familias? ¿Cómo trabaja la mamá de una persona especial si el sistema no está sensibilizado? ¿Si no trabaja, de qué vive?

Existe en Venezuela una “Ley para las Personas con Discapacidad” como un paraguas que engloba todas las personas que entran en esta categoría y una cláusula constitucional que les otorga derechos pero no existe jurisprudencia especializada ni leyes especiales para las diversas condiciones. Incluidas aquellas diversidades que le dan necesidades propias a una persona pero no son discapacidades en sentido legal.

La vida de los padres de un niño con Down, la adultez de esa persona, requiere un apoyo que atienda las necesidades materiales, educacionales y laborales de ese ciudadano, porque es bueno decirlo, diverso y especial, es un ciudadano o una ciudadana. Su protección que es importante me parece no es exactamente la misma que requiere una persona con autismo, en cualquiera de sus grados, que es también una condición a atender legalmente.

Recuerdo finalmente pensando en estos temas que hay que cuidase de sólo dictar cláusulas constitucionales o leyes marco porque podríamos incurrir en lo que dice Eduardo Barcesat, es tan sólo colocar anuncios de salida para una autopista que nunca terminamos de construir o de pavimentar. Es necesario tomar el tiempo para construir, tabla de asfalto por tabla de asfalto, el camino para el ejercicio pleno de los derechos.  Es momento también de buscar enfoques que superen el paternalismo, esa idea de que son seres que sólo exigen prestaciones o atenciones porque cuando lo hacemos olvidamos que si sabemos que la gravedad existe es porque un autista nos los dijo.