Cuidar a los enfermos

Ana Cristina Bracho Marzo 23, 2020

«¿Podemos estar seguros que nosotros no nos enfermaremos, que no estamos enfermos? «

Una persona portadora de COVID-19 que ignora su condición es capaz de contagiar a mucha gente, también alguien cuya condición de portador ya se ha evidenciado y certificado, o, al menos hasta ahora eso es lo que piensan los médicos. Sin embargo, a diferencia de los vectores que transmiten el dengue o la malaria, quien contagia esta patología es un ser humano. Es decir, una persona dotada de derechos y dignidad.

Por la dignidad todos los humanos somos diferentes a las cosas, somos superiores a ellas, incluso cuando estamos enfermas o después de morir. Por la dignidad todos los humanos somos iguales entre nosotros, miembros del concepto abstracto y colectivo de la humanidad. Por ello, estamos ante un desafío en el que hemos de protegernos de enfermarnos al tiempo que debemos cuidar, sanar y proteger a los enfermos de posibles actos de discriminación y odio.

Nadie duda que las personas que sufran el COVID-19 deberán someterse a todos los tratamientos incluso aislamientos que necesiten para recuperar su salud y evitar contagios, pero deben ser tratados con decoro, con discreción y prudencia, en tanto, podría venirse sobre ellos algunos bárbaros que busquen forzar a que abandonen sus hogares o que quieran atentar contra su integridad física o contra su vida.

¿Podemos estar seguros que nosotros no nos enfermaremos, que no estamos enfermos? Según lo que ha dicho la Organización Mundial de la Salud nadie puede asegurarlo. Por ello, existen muchos deberes nuevos e inesperados que nos arropan.

Como Nación somos un pueblo unido por una historia, que habita un territorio y aspira un futuro y es allí donde se plantea este reto que requiere el sacrificio de la más grande de las mayorías para proteger la vida de un número incierto de personas, de las cuales, por los momentos algunos podrían pensar son tan sólo un grupo pequeño.

Pero esas personas, que de darse el crecimiento exponencial que se ha dado en otras partes pasarían a ser muchas más, requieren con urgencia que nosotros tengamos hacia ellos una mirada compasiva, justa, de humanidad. No sólo porque esto es un deber de todos los que practican alguna espiritualidad sino porque esta enfermedad es un impase fortuito de la vida y pase lo que pase, ni siquiera los más grandes criminales dejan de tener dignidad, de ser ciudadanos o de ser humanos.

Por estas horas son cada vez más comunes los rumores. Las historias suelen concluir diciendo que es posible que la hija de la vecina tenga fiebre. Algunas veces, en la comunidad salen algunos a proponer que se tome alguna acción de fuerza. Esto es precisamente lo que no debe ocurrir, ese es el comportamiento cruel que empeora la situación de alguien que puede estar enfermo.

Ante esta enfermedad, si usted va a perseguir a un supuesto enfermo tiene riesgo de contagiarse además se le verán las costuras de su poca sensibilidad social así como que no ha entendido que de esta enfermedad –Dios nos proteja- podemos contagiarnos todos. En estas horas debemos cuidarnos en el cuerpo y en el alma, en nosotros y en los otros.

@anicrisbracho