Los ancianos y su debilidad

Ana Cristina Bracho Marzo 25, 2020

“Si nada va bien, llama a tu abuela” Proverbio italiano

El Covid 19 es una crisis que ninguno de nosotros esperó vivir. Esta ignota y feroz enfermedad nos ha puesto ante algunas evidencias difíciles de asimilar. Nuestro mundo tan tech, tan avanzado, tan presumido no es nada ante una gota de saliva. Por eso, de un solo estornudo –cual efecto mariposa- puede caer todo el sistema financiero internacional y dejar en evidencia que las políticas económicas actuales más difundidas ocasionan grandes desastres sociales.

Por ello, tenemos de frente la evidencia de nuestra debilidad colectiva y no nos llegó sola, también nos dejó ver que el mundo está mejor si nosotros nos recogemos: vemos delfines en Cartagena, peces en Florencia, aire en las metrópolis y sentimos frío en Caracas.

Al evidenciarlo, son tantas las cosas que ya han pasado, que el mundo ya parece diferente. Sin embargo, falta tanto para que la situación se corrija que para hacer balances habrá que esperar un par de meses. En la espera, algunos analistas ya adelantan algunas graves consecuencias:  se producirán enormes caídas del PIB, habrá un disparo del desempleo a máximos históricos según la OIT, se reformularán los planes de endeudamiento en Europa, se harán concesiones para amortizar la crisis en USA, etc.

Ahora, entre todos esos temas creo que hay uno que merece que nosotros lo evaluemos y es el discurso que en algunos países se ha dado sobre las personas de la tercera edad. Al considerarlo, observamos la decisión dolorosa pero enmarcada en el agotamiento del sistema, de la suspensión del tratamiento de los octogenarios en Italia y luego el revuelo que generó la declaración de Dan Patrick, Vicegobernador de Texas quien opinó que las personas mayores de 70 años “sabrán cuidarse a sí mismas” y que debían sacrificarse e incluso ofrendar sus vidas para que la economía estadounidense no se detuviera.

¿Cuál es la valoración de nuestros ancianos en la sociedad de hoy?

¿Pensamos nosotros así? ¿Estamos de acuerdo? ¿es una decisión lógica ante un escenario tan difícil? Quizás la situación italiana donde parece que la decisión a tomar era cuál priorizar entre dos vidas en riesgo, nosotros podemos entender el razonamiento: entre un anciano cuyo caso es más complicado, cuya expectativa de vida es más limitada y que alguien podría decir que “ya vivió”, y, una persona joven cuyo cuadro sea más alentador, cuya expectativa de vida sea mayor y que no ha tenido “la oportunidad de vivir”, los médicos o los responsables del sistema de salud priorizan al joven aunque signifique una condena para el anciano.

El discurso de Dan Patrick tiene otros elementos porque no está hablando de una elección entre dos personas o dos vidas sino entre la vida de una persona y cosas. Se refirió a bienes materiales –como los que son la base real de la economía- y a elementos ideales como los que conforman la cultura, las instituciones o la estructura de una sociedad. ¿Son estas cosas más importantes que una vida?

El debate sobre el valor de la vida en Estados Unidos es común. En especial, en Estados como Texas que todavía aplican la pena de muerte aunque esta haya sido tachada de elemento bárbaro, anticuado, cruel, innecesario e ineficiente en casi todas las partes del mundo.

Jurídicamente esta situación nos hace pensar en estas cosas: el derecho a escoger morir, el derecho al adiós, la posibilidad del Estado de causar la muerte por su acción o su inacción y finalmente, cuál es la valoración que tiene la sociedad en la que vivimos de la vejez.

“El derecho a escoger morir” es una frase que contiene el controvertido tema de la eutanasia, la cual no se encuentra legalmente consagrada en Italia donde hace pocos meses se celebró como un éxito para quienes la defienden que en septiembre de 2019, el Tribunal Constitucional determinó que ayudar a morir a un enfermo con una patología irreversible no siempre se puede punir.  Por ello, la eutanasia dejará de ser condenada como homicidio si el enfermo considera “intolerable” el “sufrimiento físico y psicológico” que le provoca su patología, pero sigue siendo “totalmente capaz de tomar decisiones libres y conscientes”. En Texas, la eutanasia es legal desde 1999.

¿Qué ocurrirá en estos casos? ¿Será un diagnóstico de COVID-19 a una avanzada edad suficiente para ser considerado “intolerable” el “sufrimiento físico y psicológico” al que es sometido el enfermo?  Este es un tema del que seguramente en los próximos meses empezaremos a ver controversias.

Queda, sin embargo, un tema al desnudo con estas polémicas y es el poco valor que se le da a los ancianos, resumido en las ideas de Lagarde, Directora del Fondo Monetario Internacional, tristemente célebre por afirmar en los últimos años que “los ancianos viven demasiado”.

¿Son las personas mayores cargas económicas insostenibles? ¿cuerpos que perdieron lo estético y lo útil? ¿elementos sacrificables para un hipotético provecho de los más jóvenes? Quizás un enfoque de esta naturaleza esté saliendo a flote y dejando ver que hemos perdido valores que comparten muchos otros pueblos, como los asiáticos y los pueblos originarios de América que estiman que en la vejez está la sabiduría y a ésta se le debe respeto.

Curiosamente al día que escribo estas líneas parece que China es el primer país que levantará la cabeza frente a esta pandemia y es también uno reconocido por el respeto que tiene por sus mayores.  En su filosofía existen citas celebres sobre esto, como el pensamiento de Confucio quien se interrogaba diciendo “si uno no demuestra respeto hacia los ancianos, ¿en qué se diferencia de los animales?”.  Legalmente en China existen importantes deberes que imponen que las familias cuiden a las personas mayores y demográficamente es uno de los países con más ancianos del mundo, superando los 40 millones de habitantes ancianos.

Ahora que esta pandemia galopa hacia nuestros países será nuestro turno de tomar decisiones y de cuidar a nuestras poblaciones, en medio de las situaciones particulares de nuestros países que no se caracterizan por tener infraestructuras prestas para esta calamidad.

En medio de esto tendremos que preguntarnos, individual y colectivamente, cuál tratamiento daremos a nuestros mayores, cómo los protegeremos de enfermarnos y qué priorizaremos.